“El mito de Casandra nos enseña que es más importante la credibilidad, que la misma clarividencia, pero esto solo tiene una verdadera utilidad si los demás les dan credibilidad a nuestras palabras. En la jerga cotidiana, el mensajero a veces es más importante que el mensaje”. (Tomado de Google, ¿Que representa el mito de Casandra?).
Vaya galimatías por el cual atravesamos como sociedad, las confusiones afloran por doquier y una ansiedad colectiva nos abruma la cotidianidad y la pregunta de fondo sería, ¿que se esconde detrás de bambalinas?
No es la revocatoria del alcalde de Medellín lo relevante; su significado tiene un calado más profundo. Sin vacilación este proceso ya en desarrollo tiene una importancia mayor, tanto así, que es más revelador que la misma elección de presidente. Lo que se define en esta votación, es la patente de corso para un cambio de modelo de gobernabilidad, esa es la magnitud de lo que representa. Quienes hemos tenido la oportunidad de aterrizar en el aeropuerto Olaya Herrera, sorprende la magnitud de las comunas en los cerros circundantes, frente al 1% de la superficie del Poblado; esa es la dimensión del campo electoral.
Ahora bien, desde el oráculo de Casandra los datos del IPC se convierten en macrodatos obligatorios de examinar, allí puede existir un tanto de confusión. La noticia nos advierte que la variación anual en el índice de precios al consumidor se ubicó en una cifra del 5.6% y por supuesto, utilizando el principio de proscuto y de manera proverbial, ajustamos la alocución ante el aumento del salario mínimo en un 10.7%. Sin embargo, otra realidad va tomando fuerza como complemento al discurso, hace referencia a los alimentos, esa que está relacionada de manera inequívoca con la canasta familiar del día a día de los hogares; este registro un alza interanual del 17.2%, una realidad que pronto cobrará fuerza.
Pero también tenemos cuentos de hadas, como el de caperucita, esta vez vestida de azul. El lobo de vieja experiencia política hace un llamado de urgencia al caballero solitario de la democracia, su veterana experiencia le dice que cabalgar en solitario con la marca al lomo de 100% cabal, constituye una amenaza para el establecimiento, y vaya si tiene razón. Continuar por ese sendero el día de las elecciones no suma, divide a favor del candidato del extremo opuesto; esa es justamente la inminencia de los hechos.
Veamos que paso hace tres meses atrás en cuanto a las estadísticas del COVID. La semana del 5 de octubre se registraron 1440 casos diarios en promedio, opinábamos que estábamos ganando la guerra al coronavirus, los partes de victoria no se hacían esperar, al tiempo que, en otras latitudes, batallas sin cuartel se desataban ante la amenaza de nuevas variantes. Pareciera que en nuestra querida Colombia no hay diferencia entre los pescados, las gallinas y el Homo Sapiens. Imaginemos por un momento un estanque con pescados todos ellos atiborrados en busca del alimento que acaban de recibir, de igual manera traslademos la imaginación a un corral de gallinas, reunidas en una gran algarabía para lograr comer unos pocos granos, como lo exponía hace meses atrás, no hay mayor diferencia con el día sin IVA, fuimos testigos de las congestiones a borbotones en los almacenes de cadena y centros comerciales; un contexto que nos hace recordar la génesis de la humanidad.
Continuar con los confinamientos no era una opción, era necesario regresar de manera paulatina a las actividades y por supuesto iniciar la senda de la reactivación, que nos ha sido anunciada desde todos los ángulos posibles. Pero no se trata de un asunto meramente económico y de reactivación, estamos frente a una pandemia, la balanza y la contrapartida es un asunto de salud pública, cuya cuenta de cobro es la vida. Deberíamos haber promovido la prudencia, en busca de un equilibrio necesario a largo plazo.
Y vaya, desde hace tres meses nos encontramos en una especie de barullo semántico que nos desorienta. Promovemos los días sin IVA, los viajes, las fiestas decembrinas, liberamos los aforos, extendemos los horarios y como si estuviéremos libres de toda amenaza, las fiestas se celebran a raudales por todo el país, no obstante ómicron nos asediaba.
Tres meses más tarde el promedio diario en primera semana de enero del año ya en curso, supera los 20.000 casos diarios y se vaticinan cifras desde el oráculo de Casandra, que estas podrían superar los 40.000 casos. Regresar a los confinamientos sería el peor retroceso y el costo social sería más que enorme; pero en el país del realismo mágico se nos olvida que el equilibrio no está en las decisiones y logros de corto plazo; es obligatorio gobernar con un poco más de prospectiva, en busca de la mesura, que por el momento no parece ser objeto de la partitura de Casandra.