Asignaturas Pendientes; 2.99

POR: Luis Guillermo Velásquez López
MPEP. Pensamiento Estratégico y Prospectiva Empresarial

No pasamos la página, aún tenemos en el imaginario la cifra histórica de un crecimiento del PIB tasado en un 10,6%, en buena hora, una señal positiva al cierre del año 2021. La cuestión no se debe resumir a una tasa de crecimiento, detrás de ésta se ocultan realidades palpables que no son posibles de encubrir a pesar de los partes de victoria; lo importante y lo cardinal en el mundo en estado de postpandemia, es la contribución social de los resultados y esto es justamente lo que se palpa en el entorno; la contradicción entre el crecimiento y la realidad de una sociedad abrumada por la incertidumbre.

La génesis del crecimiento tiene su raíz en el consumo de los hogares el cual creció en el año 2021 en una cifra cercana al 15%, una señal de alerta que no debería pasar por alto, pues del otro lado del balance las cifras de ahorro indican un resultado un tanto rezagado, lo que impactará la inversión y el dinamismo durante el año 2022.

Existe una especie de desilusión colectiva, una reciente encuesta de Invamer Gallup encontró que 85 de cada 100 colombianos, creen que las cosas en el país empeoran, un guarismo de la mayor preocupación; un reclamo social en desarrollo.

La opinión negativa de la institucionalidad es comparable con el 86% de las Farc y del 87% del ELN; el sistema judicial con un 80% de no aceptación, los partidos políticos con el 82%, al tiempo que el Congreso de la República se sitúa en un 84%; un entorno complejo que demanda atención más allá de las cifras.

El costo de vida acrecienta la brecha social, la carga de éste recae sobre los más vulnerables, la cifra de una inflación anualizada al mes de enero del 6.94% es parcialmente cierta; cuando los resultados se desagregan, se identifica como la inflación golpea a los más vulnerables con una cifra del 8.31%, al tiempo que la población ubicada en el segmento de los ingresos altos se sitúo en el 5.56%.

Pero es necesario excavar más en los números, el asunto social es de mayor calado. En los últimos 12 meses los alimentos registran un incremento del 19.94%, lejos del ajuste del salario mínimo el cual fue reajustado en un 10.07%, en otras palabras, la inflación se llevó de tajo al cierre del primer mes del año, el ajuste del salario con una tendencia que no parece ceder al menos en lo que resta del primer trimestre; literalmente los precios están galopando y los vulnerables y pobres con el agua al cuello; no en vano los informes escalofriantes de las personas que no disponen de recursos para alimentarse tres veces al día, en un país donde se desperdicia un 30% de los alimentos; una tiranía inaceptable.

El desempleo continúa siendo una tarea por resolver, una tasa del 13.7% al cierre del año 2021, pareciera no tener correspondencia con el crecimiento del PIB, existe una brecha social sin atender y una calidad laboral que poco aporta a la tranquilidad de los hogares. Más de cinco millones de colombianos trabajan de manera informal, esto significa que un porcentaje cercano al 50% del empleo se encuentra con escasa contribución a la seguridad social y construcción de futuro; un pasivo laboral y de protección para la vejez no está siendo atendido de manera oportuna.

Las medidas contra cíclicas de orden monetario son comprensibles desde la óptica del corto plazo para reducir la demanda y tratar de controlar precios. El verdadero reto de un gobierno es la anticipación, un incremento de precios mundial estaba en desarrollo, por lo tanto, lo primordial además de lo monetario era desescalar las estructuras de precios como los aranceles, tasas y contribuciones, en particular los vinculados a los alimentos y al sector agrícola, recomponer las cadenas de proveeduría y costos logísticos, decisiones hoy en ejecución, quizás un poco tardías; mientras tanto un manto de opacidad arropa los resultados del PIB y las asignaturas sociales y de cierre de brechas continúan sin aprobar.